He trobat per internet uns quants vídeos de vaixells i els tenia guardats en un bagul esperant l’ocasió per adjuntar-los a alguna entrada. Però, finalment, m’he decidit a penjar-ne uns quants tots junts. Són de velers clàssics, d’aquells que a mi m’agraden. Són criatures d’una gran bellesa, cadascun amb la seva història i la seva idiosincràsia. Menar un d’aquests vaixells ha de donar una satisfacció enorme. He dit “menar” i no “manar” expressament. La diferència és subtil, però important. I estic convençut que la relació que hi ha entre els capitans i patrons d’aquests vaixells i la seva embarcació ha de ser molt especial. Volia publicar els vídeos a pal sec, perquè fossin els vaixells els únics protagonistes d’aquesta entrada. Però al final m’ha semblat oportú embolicar aquestes imatges amb les paraules de Joseph Conrad, capità i escriptor, que va descriure amb molta més precisió i coneixement de causa tot això que us intento explicar.
Los barcos son criaturas que nosotros hemos traído al mundo con el objetivo, por decirlo así, de que nos obliguen a dar la talla. (…) Esas sensibles criaturas no tienen oídos para nuestras lisonjas. Engatusarles para que hagan nuestra voluntad, para que nos cubran de gloria, cuesta algo más que palabras.
Los barcos quieren ser mimados. Hay que mimarlos al gobernarlos. (…) Un barco es una criatura delicada, y debe tenerse muy en cuenta su idiosincrasia si se aspira a que tanto él como uno mismo salgan bien librados de los avatares de su vida.
Sí, un barco quiere que se lo mime con conocimiento de causa. Uno debe tratar con comprensiva consideración los misterios de su naturaleza femenina, y entonces él estará a nuestro lado, fielmente, en nuestra incesante lucha contra fuerzas ante las que no avergüenza salir derrotado. Es una relación seria, aquella en la que un hombre vela celosamente por su barco. Este tiene sus derechos igual que si pudiera respirar y hablar; y de hecho hay barcos que, por el hombre que lo merezca, harán cualquier cosa, como dice el refrán, menos hablar.
Un barco no es un esclavo. No hay que forzarlo en una mar gruesa, no hay que olvidar que uno le debe la mayor parte de sus ideas, de su habilidad, de su amor propio. Si uno recuerda esa obligación naturalmente y sin esfuerzo, como si fuera un sentimiento instintivo de su propia vida interior, el barco navegará, aguantará, correrá por uno mientras pueda, o, como un ave marina cuando va a reposar sobre las enfurecidas aguas, capeará el temporal más fuerte que jamás le haya hecho a uno dudar de si viviría lo bastante para volver a ver salir el sol.
Joseph Conrad
El espejo del mar (Libros Hiperión)
Traducció de Javier Marías